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Más allá de la persona: la influencia de los determinantes sociales
Muchas veces igualamos estar en salud a no sentirnos enfermos. Sin embargo, nuestro bienestar va mucho más allá de la ausencia de enfermedad. También está influenciado por las condiciones en las que nacemos, crecemos, vivimos, trabajamos, envejecemos y morimos. A esto se le conoce como determinantes sociales.
Algunos ejemplos de determinantes sociales incluyen el ingreso económico, la vivienda, la educación, el acceso a servicios de salud, las condiciones de trabajo y la seguridad en la comunidad, entre muchos otros. Sabemos que estos determinantes no afectan a todas las personas de la misma manera y que no todas las personas expuestas a las mismas condiciones desarrollan las mismas dificultades. De hecho, hay factores que pueden mediar esa relación como las redes de apoyo, la espiritualidad, los recursos personales, el sentido de comunidad y la participación.
Vemos, escuchamos, actuamos… ¿y no estigmatizamos?
Las personas tienden a juzgar conductas, emociones o formas de pensar que no encajan con lo que consideran “normal” o con aquello a lo que están acostumbradas. Lo que se sale de la “norma” puede ser visto como “débil”, “peligroso”, “problemático”, “violento” o “raro”.
Estos rótulos no son neutrales ni surgen en el vacío. Por el contrario, reflejan cómo interpretamos y respondemos a aquello que percibimos como “diferente” o que no se ajusta a nuestros modelos mentales. Es decir, a las ideas o “filtros” aprendidos desde la niñez, que a lo largo de la vida se refuerzan o se cuestionan.
Hablemos de salud y justicia social
La salud es un derecho humano fundamental. El respeto a la diversidad, el acceso a recursos, oportunidades y servicios de calidad, a condiciones de vida dignas, a sistemas que funcionen y que verdaderamente respondan a las necesidades de la población, así como la participación en la toma de decisiones que nos afectan, no pueden ser privilegios de unos pocos. De eso se trata la justicia social.
